Ginecologia en Hospital de cruces
Enero 14, 2010 · Noticia en HOSPITAL DE CRUCES

Se jubila a los 70, tras 5 décadas en la medicina y 30 años al frente de la sección de Ginecología en Cruces .

Último día de consulta. En la sala de espera aguardan ya las primeras pacientes. Mariabe, la enfermera que le acompaña desde hace muchos años, maneja la consulta 201 con mano de hierro y una por una van pasando las 17 pacientes que el ginecólogo verá esta mañana.

Se la ve emocionada y aunque se hace la dura, confiesa que el doctor Esteban ha sido «el compañero más leal que he tenido en este hospital». Javier Esteban Guereca llegó a la medicina en parte por vocación, pero también por voluntad paterna.

«Mi padre tenía claro que quería un hijo médico y otro cura, y lo consiguió», revela este bilbaíno, nacido en la clínica del doctor Valbuena el 3 de diciembre de 1939. Estudió la carrera en Salamanca, donde conoció a su mujer, María Dolores, con la que ha tenido dos hijos.

Todavía recuerda su primera guardia, en la madrileña Maternidad de la calle O'Donell. Era enero de 1966 y sólo le dejaron mirar cómo las comadronas hacían los tactos a las parturientas.

Durante muchos años asistió alumbramientos, pero eso fue lo primero que dejó cuando la salud empezó a darle problemas. «Era muy duro y hay que estar en plena forma», asegura. Javier se ha ido jubilando progresivamente, «algo que recomiendo a todo el mundo». Primero dejó de asistir partos en 1993 por recomendación de su cardiólogo, en 1999 abandonó la consulta privada que tenía en la calle Marcelino Oreja y, diez años después, se despide de su puesto al frente de Ginecología en el hospital de Cruces.

Cuando repasa su trayectoria interviene resuelta la enfermera Mariabe: «¡Se está callando lo más importante!» Y es que aunque su modestia le impida alardear de ello, Esteban ha sido uno de los pioneros en España en el tratamiento de la incontinencia urinaria. A su implantación en Cruces de las técnicas quirúrgicas más avanzadas deben muchas vizcaínas su calidad de vida.

Javier no se separa en ningún momento de su cajita de caramelos de limón. En las mañanas en las que pasa consulta, la voz es su principal instrumento. A lo largo de su carrera la práctica de la medicina ha cambiado mucho pero, parafraseando a Gregorio Marañón, Javier afirma que «la tecnología más avanzada en una consulta es la silla».

Sentado en ella escucha uno tras otro los testimonios de sus pacientes, a las que atiende con franqueza, naturalidad y no sin cierta guasa. Sin embargo, después de décadas en la profesión se confiesa «cansado física y mentalmente, y noto que a veces trabajo como un autómata».

Tiene ganas de jubilarse, pero viendo que ha llegado el momento le asalta cierta tristeza e incertidumbre, «el tajo no lo echaré de menos, pero sí el ambiente, la gente, los compañeros.». Enseguida vence la melancolía con su habitual sentido del humor: «¡No me creo que me vayan a pagar por no trabajar!».

A partir de ahora buscará «la tranquilidad del sillón de mi casa» y tendrá tiempo para cultivar sus aficiones. Le encanta leer -«biografías, libros de historia y de actualidad»- pero asegura que no piensa tocar «ni uno solo de medicina».

También le gusta el cine, la ópera, jugar al golf y, sobre todo, la fotografía. Además se jubila justo a tiempo para ejercer de abuelo: tiene un nieto de dos años, una niña que nació hace escasas tres semanas y otra en camino para abril.
Casi sin darse cuenta ha llegado a la última paciente. La mujer tendrá que volver dentro de un par de meses a revisión, pero ya no le atenderá Esteban.

Se queda algo chafada, pero le desea lo mejor: «Ahora, a disfrutar de la vida, doctor».

Ginecólogo. Nació en Bilbao en 1939, «en la clínica del doctor Valbuena», precisa. Se licenció en Medicina en Salamanca e hizo la especialidad en la ya desaparecida Maternidad de Bilbao. Lleva en Cruces desde 1973 y 30 años al frente de la sección de Ginecología.

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